«Antes comía de todo». «Cumplió un año y dejó de comer». «Hay semanas en las que siento que vive del aire».
Y una que escuchamos muchísimo: «un día no quiere comer nada y al siguiente se come un plato que parece de adulto».
Si tu hijo tiene entre 1 y 3 años, probablemente has vivido algo parecido. Y hay una razón para que ocurra: después del primer año los niños no crecen a la misma velocidad que durante sus primeros 12 meses, y su apetito también puede disminuir.
Durante el primer año los bebés crecen a una velocidad impresionante. Mira por cuántas tallas de ropa pasaste ese primer año.
Después del año esa velocidad disminuye y, como consecuencia, sus necesidades de energía y su apetito también pueden cambiar. No significa necesariamente que algo esté mal.
Este es probablemente el punto que más tranquilidad puede traer a una familia: los niños pequeños no comen la misma cantidad todos los días.
La Academia Americana de Pediatría describe precisamente esta variabilidad en los niños pequeños: sus preferencias pueden cambiar de un día para otro y, durante algunas etapas, pueden querer comer repetidamente solo algunos alimentos.
Lo importante de entender aquí es que si un alimento no le gusta esta semana, no quiere decir que no le vaya a gustar más adelante.
Entre 1 y 3 años los niños están desarrollando autonomía. Quieren hacerlo solos, quieren escoger, y descubren que pueden decir «no». Eso también llega a la mesa.
El rechazo de un alimento no significa que nunca le vaya a gustar, y tampoco hace falta entrar de inmediato en una negociación para conseguir que lo coma. Puedes seguir ofreciéndolo en distintos momentos, junto con otros alimentos que ya conoce, sin obligarlo. También puedes ofrecerle cuchara o tenedor: están en etapa de aprender.
En esta etapa ayuda muchísimo tener una estructura.
La recomendación de la Academia Americana de Pediatría es sencilla: los padres ofrecen alimentos adecuados y el niño decide cuánto comer de lo que se le ofrece. Presionar, castigar o negociar constantemente puede terminar aumentando el rechazo.
«Pero siento que come demasiado poquito». Esa preocupación es completamente válida, y una de las preguntas que yo haría como pediatra es: ¿cómo está creciendo?
Cuando pensamos en la alimentación de un niño de 1 a 3 años, es mucho más útil mirar lo que ocurre a lo largo de varios días que obsesionarse con un almuerzo:
El objetivo no es conseguir que todos los días coma exactamente la misma cantidad. El objetivo es ofrecer una alimentación adecuada mientras acompañamos su crecimiento.
Hay niños pequeños que comen muchísimo y otros que necesitan cantidades mucho menores. Tampoco todos tienen el mismo tamaño, la misma actividad ni la misma velocidad de crecimiento.
Por eso no podemos decidir si un niño «come bien» comparando su plato con el de su hermano, su primo o el niño que vimos en Instagram. La mejor comparación es con su propia trayectoria.
En Docokids puedes registrar gratis el peso y la talla de tu hijo y ver cómo ha venido creciendo: revisa gratis la curva de crecimiento de tu hijo aquí.
Consulta si notas cualquiera de estas cosas:
Tenemos un video dedicado precisamente a esta preocupación: el niño entre 1 y 3 años que rechaza la comida o parece comer muy poquito. Ver el video de Docokids sobre por qué los niños pequeños comen menos.
Y si tu hijo todavía no ha cumplido el año, el que te sirve es este otro: mi bebé de 6 a 12 meses no come: ¿es normal?. Y si estás empezando con los sólidos, cómo empezar la alimentación complementaria a los 6 meses.